PREGUNTAS Y RESPUESTAS SOBRE EL ESTATUTO

Primera pregunta: ¿es el Estatuto lo que más preocupa en este momento a los castellano-manchegos? Claramente, no. Lo que más preocupa en esta tierra en este momento es el paro, es la crisis y es la incapacidad de quienes nos gobiernan para aportar soluciones a una espiral de deterioro económico a la que no se ve final.
 
Una vez aclarada esta cuestión, segunda pregunta: ¿quiere eso decir que el Estatuto no tiene importancia? Pues no. El Estatuto sí es importante para Castilla-La Mancha y para los castellano-manchegos, ya que, amén de la cuestión del agua, en él se abordan aspectos como la financiación autonómica, la profundización en el autogobierno o una serie de derechos que se reconocen a todos los ciudadanos de esta región. O sea, que podemos vivir sin un nuevo Estatuto, claro, pero lo normal es que un nuevo Estatuto nos permita ciertas mejoras y sea un instrumento de progreso en mayor o menor medida. Gracias al agua, por supuesto, pero no sólo gracias al agua.
 
Tercera pregunta: ¿por qué no tendrá Castilla-La Mancha un nuevo Estatuto? Evidentemente, porque Barreda y el PSOE manchego no quieren. El propio diputado socialista Alejandro Alonso reconocía, minutos antes de que Barreda ordenara no aceptar la propuesta del PP, que había acuerdo “al 99 por ciento”. El Partido Popular, gracias a la iniciativa de María Dolores Cospedal, ofreció un texto muy similar al socialista, limando asperezas para evitar peligrosas confrontaciones territoriales latentes tanto en el PP como en el PSOE.
 
Cuarta pregunta: ¿en qué se diferencia la postura del PP y la de Barreda? Pues en que nosotros hemos sido capaces de mantener una política nacional sobre el agua, haciéndola compatible con el interés y los derechos de nuestro territorio. El PP es un partido nacional, de toda España y para toda España, y tiene claro que las soluciones deben ser coordinadas y acordadas entre todos, basadas en la justicia y en la solidaridad, no en el enfrentamiento. Por simplificar: Murcia o Valencia no son nuestros enemigos, son, como nosotros, parte de España; podemos tener intereses distintos, como ocurre en el tema del agua, pero eso no debe impedirnos llegar a acuerdos constructivos y de futuro.
 
Quinta pregunta: ¿por qué Barreda ha impedido que se llegue a un acuerdo? Porque le interesa mantener viva una guerra absurda y puramente electoralista. Barreda sabe que el nuevo Estatuto garantizaría agua y derechos, pero está dispuesto a cambiar esa agua y esos derechos por votos. Barreda sabe que va a perder las próximas elecciones autonómicas, y por eso busca a la desesperada una trinchera y una bandera, aunque sean espurias y perjudiciales para la colectividad.
 
Sexta pregunta: ¿quién va a ganar y quién va a perder en esta prorrogada guerra del agua? Yo creo que nadie va a ganar, y que esencialmente van a perder los intereses de los castellano-manchegos. Y estoy seguro de que a Barreda no le va a valer esta nueva estratagema, esta nueva huida hacia delante. Barreda se ha puesto al nivel de Ibarreche, que tampoco fue capaz de sacar adelante un Estatuto vasco separatista y anticonstitucional; y se ha puesto al nivel de Montilla, que se enfrenta a su propio partido y se entrega al radicalismo del tripartito catalanista con tal de mantenerse en el poder. En Castilla-la Mancha la gente no está por esas aventuras sin retorno: queremos soluciones, y Barreda sólo nos ofrece enfrentamientos hueros para tapar su propia incompetencia.

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